1. Recent work 2014

     
     

  2. La Casa Vieja

    Los muebles estaban sucios, botellas y colillas invadían la estancia, se olía un tipo de peste y solo ella se encontraba limpiando, pero esta vez había tanta suciedad que hasta ella se sentía sucia. 

    La verdad es que todo era superficial, la casa la había comprado hace unos años y no necesitaba estar ahí, solo estaba ahí porque así le habían dicho. La había puesto en venta, la había intentado rentar, pero se le había ordenado que la ocupara. Para calmar la ansiedad de tener que quedarse en dicho lugar se había ido de la casa varias veces con la promesa de regresar, pero el vivir ahí la estaba consumiendo. Las paredes guardaban conversaciones, muchas con malentendidos nunca dados a entender, las fotografías eran de personas que nunca se les volverían a ver o que venían con el marco y los trastes habían sido usados por tantos invitados que si algunos no estaban oxidados, estaban al borde de la oxidación. Mucha gente había pasado por esa casa con los zapatos sucios y había dejado manchas que no podían quitarse de la alfombra. 

    Ella solía comprar un liquido para limpiar la alfombra, para tallar el piso y pintura para las paredes pero después de tanto limpiar, la alfombra estaba al ras, el piso estaba áspero, opaco y algunas paredes tenían un color extraño ya que el color anterior podía verse debajo del nuevo color que se le había pasado por encima. 

    Sin mucho que poder hacer con esta casa vieja, ella fumo un cigarro en la cocina, mirando hacia fuera de la ventana, perdiendo el tiempo. Que hace alguien atrapado en una casa vieja? Como se le puede dar vida otra vez a esta casa vieja? Vale la pena darle vida a esta casa vieja?

    En muchas ocasiones lo había logrado, hace dos años emprendió un proyecto para ampliar la recamara principal, incluso le puso una alberca. Los primeros meses parecía que había sido la mejor opción, tenia mas espacio para pensar y podía relajarse por las mañanas. Sin embargo, poco a poco se le fue olvidando darle servicio a la alberca y el cuarto parecía encogerse con los años. Cada rincón de la casa le recordaba a fantasmas, algunos vivos, algunos muertos. Muchas veces pensó en hacer inventario de que había en la casa porque en numerosas ocasiones cuando estas personas partían, sentía que le habían robado algo. Sin embargo ella sabia que si hacia un inventario de que faltaba en la casa seria peor, porque su intuición le afirmaba que lo habían hecho. Pensar en como seria enterarse de las pertenencias que faltaban solo confirmarían el vacío que sospechaba que tenia. 

    Algunos de los objetos que hacían falta eran insignificantes; una cuchara, un tenedor u otro utensilio. Esto lo daba casi por hecho, que cada huésped le gustaría llevarse un souvenir y daba por hecho que seria algo pequeño como esto. Pero otros huéspedes no solo se quedaban a cenar, a veces bebían con ella y terminaban llevándose el brandy. Ella decía,

    ”Que se lo lleven, al fin me hacen un favor porque ya no quiero tomar mas.”

    Pero los cigarros eran lo contrario ya que siempre los guardaba en su bolsillo, los huéspedes tenían que pedírselos directamente. A ella nunca le ha gustado que la gente se aproveche de su vicio y forzosamente les daba a los huéspedes uno, dos, tres o cuatro de sus cigarrillos. Sin embargo, estos huéspedes no se quedaban a dormir, no habían explorado el segundo piso de la casa, pero otros si. Entre ellos, algunos le hacían compañía y por lo general no se llevaban nada. Otros, la mayor parte del tiempo extraños, le cortaban pedazos de cabello mientras ella dormía. Si no era cabello se llevaban otra cosa, algún anillo, siempre era algo que ella había atesorado, y en un parpadear de ojos estaba perdido. 

    Lo peor del caso es que ella estaba segura que el cabello terminaría en la basura y el anillo se perdería. Ninguno de los objetos faltantes en su recamara podrían tener el mismo valor para las personas que se lo llevaron que el que ella tenia por ellos, y pues… esto le afectó.

    Por varios meses se dejo crecer el cabello, compro nuevas joyas y movió los muebles de lugar en su recamara para olvidar aquellas cosas perdidas, ella decía:

    ”Esta no era yo, era la idea que tenias tu de quien era yo. Te llevaste lo que pensaste que me importaba pero la importancia de mis cosas se las doy yo, y he aprendido a no darte lugar en mi casa.”

    Sin embargo, la historia se repetía y poco a poco llego a darse cuenta que no poseía el control que presumía. Esto la aisló, y la hizo cerrar sus puertas con candado. Nadie mas entraría a su casa amenos que pasaran por una inspección meticulosa al entrar y al salir la casa ya que eventualmente, alguien debía hacerlo.

    Pasaron los meses y nadie paso por la casa hasta que un día una chica vendiendo Biblias toco la puerta. La soledad le hizo abrirle y a pesar de no creer en la religión, escucho lo que tenia que decir. 

    La vendedora de Biblias explicó que a pesar de que ella sabia que todos poseían una Biblia, el trabajo era caritativo. Que las Biblias habían sido impresas sin costo y ella estaba vendiéndolas voluntariamente. La dueña de la casa no tenia ninguna Biblia ni le apetecía poseer una, sin embargo compro una por caridad, y porque le caía bien la compañía. Le sirvió un café. 

    La dueña de la casa observo a la vendedora de Biblias mientras hacia el café, había algo en ella muy puro como para ser verdad, así que comenzó a cuestionarla para descubrir quien era verdaderamente, de donde provenía era purés y como era posible que tanta luz proviniera de una sola persona. Sin embargo, todas estas preguntas solo podían ser contestadas por el tiempo así que dejo su interrogatorio para otra ocasión. La invito a volver a tomar café cuando le apeteciera y la vendedora de Biblias se fue con la promesa de regresar. 

    Pasaron varios meses y mantenían contacto, sin embargo esto no la distraía mucho del monstruo con el que vivía; la casa vieja. Un día, mientras desempolvaba el sótano, el cuarto mas sucio de la casa, la vendedora de Biblias toco la puerta. La dueña de la casa trato de limpiarse un poco pero había durado toda la mañana en el sótano, era imposible quitarse tanta mugre en tan pocos segundos pero decidió abrirle e invitarla a pasar ya que tenia ganas de verle. 

    La vendedora de Biblias entro e inmediatamente se percato de la suciedad en la dueña de la casa.

    ”Puedo regresar otro día.” Dijo la vendedora de Biblias. 

    ”No, pasa que ya pongo el café.”

    Nerviosa de dejar una mala impresión, la dueña de la casa fue mas que atenta; le sirvió un café colombiano, le dio un pedazo de pastel que había comprado para tal ocasión, le hablo de un libro interesante que se encontraba leyendo y demás. Entre tanto intentar impresionar a su huésped, su huésped se incomodo. La verdad es que la dueña de la casa no había puesto atención a lo que la vendedora de Biblias le había dicho desde un principio, que pronto se mudaría a otra ciudad, que tenia que marchar en unos minutos, que había venido a despedirse y a dejarle la Biblia que había encargado. Finalmente la vendedora de Biblias se disculpo, había llegado la hora de partir. La dueña de la casa no entendía, seguía preguntándose si esto lo había dicho por su aspecto sucio, o quizás el café estaba muy caliente, quizás el pastel estaba un poco pasado. La vendedora de Biblias aclaro que no era ninguna de estas cosas. La dueña de la casa exigió una explicación y la vendedora de Biblias le explico que como le había mencionado, había llegado el tiempo de partir. Desconsolada, la dueña de la casa la acompaño a la puerta y la dejo ir, esta experiencia no ayudo a sus sentimientos de inutilidad y pospuso el proyecto de limpiar el sótano una vez mas.

    Al encontrarse sola de nuevo, prendió un cigarro y miro por la ventana preguntándose si la solución a este sentimiento de vacío en esta casa vieja se debía a la casa en si, o a la selección de huéspedes que admite en su casa.

    Agosto 2014.